Siempre se dice que las nocheviejas son especiales.

Supongo que por los ruidos ensordecedores, las aglomeraciones, basura por todas partes, el frío helador, la música a 90dB de potencia, los petardos-molotov, los borrachos buscabroncas, los precios desorbitados de entrada a locales y de copas, los dolores de pies, y demás.

También, para otros, porque se pasan en familia y/o con amigos.

Mi nochevieja ha sido de estas últimas, así que no me quejo. A pesar de haber pasado más frío que una vaquita muerta en la cámara frigorífica de una industria cárnica. Además, esta nochevieja hemos tenido casi de todo...

Empezó muy bien, con cena familiar pero íntima, uvas comibles y no demasiado pochas, Guismo destrozando alegremente el corcho de la botella de cava, Ki deshelando el coche para venir a buscarme (a las 12:30 de la noche ya había helado y todo, quéeee fríiiio), su cuñada a punto de eclosionar el cachorrillo humano que tiene de okupa en la barriga, Rodya llegando puntual a casa de Ki, todos llegando puntuales a casa de Muzaraque... y ahí empezó todo...

Primero asistimos al nacimiento de las bestias marinas asesinas de Rodya.

Y como son asesinas, por supuesto, se agredieron entre ellas.

Después nos armamos de valor y decidimos salir a la calle a pesar del frío, a la aventura, a ver qué hacíamos. Pensamos en inmortalizar el momento con los 4 metidos en un fotomatón. Y de hecho la idea era buena... salvo por el hecho de que los fotomatones llevan Windows. Y claro, era de esperar un error fatal.

Así que seguimos triscando por la calle, de charla, viendo cómo los Men in Blue (también conocidos como Policía que Vela por Nuestra Seguridad) se dedicaban intencionalmente a patrullar por las calles tranquilas no transitadas, eludiendo entrar en aquellas donde había broncas, petardos-bomba y peleas, y viendo cómo un Man in Blue ligaba con dos chicas proponiéndoles algo que mis oídos se negaron sabiamente a escuchar, hasta que nuestras orejas, narices y dedos de los pies se quedaron apagados o fuera de cobertura. Momento en el cual decidimos pasar por mi casa, que nos quedaba cerquita. Guismo se alegró mucho de vernos a pesar de las horas tardías (o tempranas, según se mire) y se dedicó a hacernos mimos y a pedirlos hasta que le pudo el sueño. Nosotros nos dedicamos a la charla, alguna copa ocasional (si bien esta nochevieja no se ha caracterizado por el alcohol) y a comer cosas no típicas de las fechas.

Por cierto, el vodka que se ve ahí es cosa de Muzaraque. Es un vodka polaco con regusto a hierbas raras.

Cuando nos cansamos de estar en mi casa y ya habíamos recuperado la temperatura corporal, salimos un rato. De nuevo presenciamos una pelea y, a menos de 100 metros, una dotación de Policía haciendo como que no se daban cuenta del tema. Una se siente segura al lado de la Policía. No porque te vayan a proteger, sino porque sabes que, si vas donde van ellos, eludirás encontrarte con todas las broncas.

Finalmente el sueño nos venció. Y a casa a dormir.

Ha sido una noche bonita.